jueves, 7 de mayo de 2020

COVID-19: Cirujana relata dolor de familiares al oír al médico decir «No sé»

Foto: EFE/ La cirujana Colleen Fitzpatrick
NUEVA YORK, EEUU.- Una cirujana estadounidense destacó el dolor y la frustración de los doctores y de los familiares de los afectados por la COVID-19 al escuchar a un médico decir: «No sé».
El relato en primera persona de la Dra. Colleen Fitzpatrick, quien trabaja en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en un hospital comunitario de Nueva York, epicentro mundial del coronavirus, evidencia la realidad del casi nulo conocimiento del origen de esta nueva enfermedad y de «lo poco que se sabe sobre el tratamiento del COVID-19», según escribió.
«Mi nombre es Colleen Fitzpatrick, tengo 46 años y soy una cirujana pediátrica que viajó hace unas semanas a Nueva York. Sin esperarlo me vi envuelta en la emergencia que sacude hoy a Estados Unidos. Y tuve que ponerme en primera línea de respuesta ante el coronavirus en un estado que se ha convertido en el epicentro de la devastadora pandemia».
Fotografía facilitada este jueves por la doctora Colleen Fitzpatrick en la que se registró una zona de trabajo del hospital Syosset de Long Island (Nueva York, EEUU), en el estado más golpeado por la pandemia del COVID-19 en ese país. EFE/Colleen Fitzpatrick
En el hospital Syosset de Long Island, en Nueva York, los días a veces se hacen largos y desalentadores. La tarea se torna angustiosa al atender a personas que llegan con coronavirus, con cuadros que empeoran rápidamente, sin que tengamos claro un tratamiento.
Aunque he visto de todo en casi veinte años como cirujana, definitivamente la mayor sorpresa para mí en esta pandemia es lo poco que se sabe sobre el tratamiento del COVID-19.
La enfermedad causada por el virus es diferente a todo lo que hemos visto antes y, pese a que se brinda apoyo para tratar los síntomas, la realidad es que no existe una cura.
No veía la gravedad de esa carencia hasta que trabajé en este hospital, donde los casos fueron aumentando hasta llegar, como un dudoso parte de tranquilidad, al pico de contagios.
Creo que, como muchos, tenía la idea de que una vez que superáramos ese pico en la cantidad de casos, y las cosas comenzaran a calmarse, podríamos reanudar nuestra vida normal.
Sin embargo, me di cuenta de que, una vez que superado el pico, debemos mantenernos atentos para evitar una mayor propagación de la enfermedad, porque el virus seguirá existiendo y todavía no tenemos una cura.
Seguramente, una vez que nuestros sistemas de atención médica ya no estén abrumados, los resultados probablemente mejorarán pero, hasta que comprendamos mejor cómo tratar el COVID-19, las personas continuarán muriendo.
DECIR «NO SÉ» A LAS FAMILIAS
En las pocas semanas que he estado trabajando en esta unidad de cuidados intensivos he visto evolucionar nuestro enfoque de tratamiento a medida que buscamos comprender la enfermedad y probar nuevos medicamentos.
Desafortunadamente, nada ha demostrado ser la respuesta perfecta. Tal vez cuando la curva se desacelere habrá una gran cantidad de datos para revisar y bastante que aprender. Pero, se necesitarán muchos estudios científicos.
Lo más decepcionante es no tener respuestas sobre cómo tratar la enfermedad cuando se habla con las familias de los pacientes.
Es comprensible que ellos quieran explicaciones. No puedo imaginar cuán frustrante es para ellos cada vez que escuchan a un médico decir: «No sé». En verdad desearía tener mejores respuestas.
Es el mismo sentimiento de todo el equipo del hospital, que trabaja incansablemente mientras los enfermos luchan contra la infección y todos los problemas causados ​​por el virus.
La pandemia -que en el estado de Nueva York reporta ya más de 320.000 casos y 25.000 muertos- nos ha obligado como trabajadores de la salud, en todas partes del mundo, a hacer muchos turnos consecutivos de 8 o 12 horas y más, tanto de día como de noche.
El ritmo puede ser implacable y la sensación de estar atrapado dentro del equipo de protección personal (EPP) es constante, aunque para todos es un salvavidas esencial.
Algunos días son mejores que otros y todos hemos aprendido a celebrar los éxitos.
Por ahora permanecemos unidos para salvar tantas vidas como sea posible, pero, sobre todo, esperamos los días en que el COVID-19 quede en el pasado. EFE

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